Cuando un sistema crítico se apaga inesperadamente, la conversación en el comité de crisis suele dividirse en dos frentes simultáneos. Por un lado, el equipo técnico trabaja a contrarreloj para restaurar el servicio. En otro frente la dirección intenta contener el impacto financiero y operativo.
Dentro de la gestión de servicios de tecnologías de la información (ITSM), enfrentar con éxito una interrupción de este nivel requiere dominar dos conceptos clave: Disaster Recovery (DR) y Business Continuity (BC).
Dos respuestas paralelas
Disaster Recovery (DR)
Objetivo:
Restaurar los sistemas.
Pregunta de seguimiento:
¿En cuánto tiempo volvemos a estar en línea?
Métrica clave:
RTO (Tiempo de recuperación) y RPO (Pérdida máxima de datos).
Resumen:
Es la recuperación técnica y entra en acción inmediatamente después del fallo. Restaurar servidores, recuperar bases de datos desde respaldos y reestablecer la infraestructura dañada son solo algunas de las actividades relacionadas.
Business Continuity (BC)
Objetivo:
Mantener la operación mientras los sistemas se recuperan.
Pregunta de seguimiento:
¿Cómo seguimos facturando y operando?
Métrica clave:
Nivel de servicio mínimo aceptable e impacto financiero por hora de inactividad.
Resumen:
Define los procedimientos alternativos, manuales o planes de contingencia para que la empresa no se detenga por completo.
Enfoque C-Level
Disaster Recovery se mide en minutos de reconexión; Business Continuity se mide en impacto financiero y costos de reputación.
ITSM: conecta la tecnología con la continuidad del negocio
Para que la respuesta ante una caída no dependa de la improvisación, el marco de ITSM aporta tres elementos clave.
Priorización basada en impacto (BIA)
Planes de contingencia operativa
Simulacros integrados de crisis
Por último...
La responsabilidad ejecutiva no termina al verificar que se cumplan los elementos anteriores. Asegurar que la organización pueda operar cuando los sistemas fallen con un impacto financiero menor, es clave ante cualquier tipo de falla crítica.